El vinagre blanco es una de las soluciones caseras más recomendadas para descalcificar, y el consejo parece razonable: es barato, acidulado y ya lo tienes en la cocina. Sin embargo, el ácido acético, el componente activo del vinagre, no está formulado para máquinas de café y puede dañarlas.
Esto es lo que ocurre a nivel químico. Las máquinas de cápsulas utilizan una serie de juntas de goma, anillos tóricos y elementos de sellad que las hacen herméticas bajo presión. Cuando el ácido acético entra en contacto repetidamente con estos componentes de goma, hace que se hinchen, se agrieten o se vuelvan quebradizos. Un solo sello dañado puede provocar fugas internas hacia los componentes electrónicos de la máquina. El ácido acético también es particularmente agresivo con las piezas de aluminio, utilizadas en muchos sistemas de calentamiento por termobloque. Provoca picaduras y corrosión que debilitan el metal con el tiempo.
Más allá del daño estructural, el vinagre deja un olor persistente que se impregna en los conductos de plástico y en las superficies internas de la máquina. Incluso después de varios ciclos de enjuague, pueden quedar trazas de ácido acético que afectan el sabor del café. Los productos de descalcificación diseñados específicamente para este fin están formulados para enjuagarse por completo con uno o dos ciclos de agua.
En resumen, deja el vinagre para la ensalada. Para la máquina, usa una solución de descalcificación formulada para este fin.